En Clave Internacional

El año dos de Obama

Posted in Barack Obama by Jaime García on 5 enero 2010

Señala el analista Walter Russel Mead en un artículo publicado en Foreign Policy que los modelos de política exterior estadounidenses son cuatro: los de Alexander Hamilton, Woodrow Wilson, Thomas Jefferson y Andrew Jackson.

Los hamiltonianos, dice Russel Mead, se basan en un gobierno nacional fuerte y un ejército poderoso que debe perseguir una política global realista. Según esta postura, el Gobierno debe promover el desarrollo económico y los intereses de las empresas americanas tanto en el país como en el extranjero. George H. W. Bush es uno de los representantes de una política amiga de las Cumbres del G-20 y la apertura de mercados para las empresas nacionales.

Los wilsonianos como Kennedy coinciden en la necesidad de una política exterior global, aunque fijan la promoción de la democracia y los derechos humanos como los objetivos de la estrategia a seguir. Eisenhower abandera el bando de los jeffersionanos, que se aleja de la concepción globalista de los anteriores. Priorizan las reformas internas y la reducción, en la medida de lo posible, de los compromisos internacionales en lugar de forjar alianzas con regímenes foráneos o imponer los valores estadounidenses en el exterior.

Por último, los jacksianos, entre los que se encuentran Ronald Reagan o Sarah Palin, son los “observadores de Fox News”. No son partidarios de los acuerdos internacionales ni del sistema de Naciones Unidas y evitan preocuparse por los derechos humanos. En su lugar, promueven la expansión del poder americano y una defensa sin arrepentimientos de los Estados Unidos.

Obama y los jeffersionanos
El jeffersionano Barack Obama llegó a la presidencia de EEUU con una estrategia consistente en reducir los riesgos y costes en el extranjero y los compromisos tanto como fuera posible. Su oposición a la guerra de Irak fue una de las piezas centrales durante la campaña electoral, antes de heredar un país metido en dos guerras (Afganistán e Irak) y con el prestigio minado por la nefasta gestión de la Administración Bush.

Como arguye Russel Mead, el modelo de Jefferson requiere la cooperación de otras naciones, pero la idea de una América de perfil bajo puede hacer que los demás estén menos dispuestos a participar en los proyectos de EEUU. Obama quiere centrar sus esfuerzos en la política nacional y, aunque ha aumentado las tropas en Afganistán, ha fijado una ruta para abandonar el país, al igual que en Irak. Su voluntad respecto a Rusia es negociadora en materia nuclear, está dispuesto a dar pasos para desbloquear la situación con Cuba, prefiere no entrar en disputas con los países suramericanos pese al acuerdo con Colombia y ha hecho esfuerzos por rebajar la presión de Israel sobre Palestina.

Barack Obama entra en el segundo año de su legislatura y debe presentar algún éxito. La reforma sanitaria puede convertirse en el legado de su mandato, pero su etapa al frente del ‘líder del mundo libre’ aún se caracteriza por las buenas intenciones. El segundo año es el de los grandes logros y también la última oportunidad; el gabinete ya se ha asentado y no valen excusas antes de que las elecciones al Congreso paralicen su capacidad ejecutiva y de que las primarias de Iowa y New Hampshire asomen a la vuelta de la esquina.

La política de la actual administración necesita cooperación. Y, mientras, Guantánamo sigue abierto, los soldados mueren en Afganistán e Irak no resuelve sus conflictos, Irán y Corea del Norte no abandonan sus ambiciones nucleares, el problema del cambio climático sigue sin resolverse y el terrorismo internacional no da tregua. Obama no se ha apuntado ningún tanto en política exterior y la necesitada cooperación pasa por serios apuros. La tarea de Obama es complicada: pasar de la jacksoniana-wilsoniana estrategia de Bush a su planteamiento supone aún más dificultades en el siglo XXI. El mundo ya no es como antes: la atención se traslada del Atlántico al Pacífico, EEUU se replantea su lugar como líder y el rápido desarrollo tecnológico acelera la capacidad de las naciones para participar en el cambio de escenario internacional.

“Con gran dignidad y coraje” dice Walter Russel Mead “Obama se ha embarcado en un difícil e incierto viaje. Las condiciones, me temo, no están en su favor”. Todo sería más fácil para Obama si imperara el kennediano ‘no te preguntes qué puede hacer Obama por ti, sino qué puedes hacer tú por Obama’.